Nos levantamos tempranito para ir al comedor a desayunar (el día anterior nos preguntaron qué deseábamos tomar) y solicitamos que nos hicieran alguna fotillo en el comedor para tener un recuerdo. Cuando acabamos, con penita, cogemos la maleta y nos dirigimos hacia el Château. Hoy el día no es lo que se dice reluciente, pero todavía no llueve (menos mal).
Chenonceaux es un castillo muy bonito y curioso ya que la pista de baile está construída encima del río Cher. El precio de la entrada es de 8,00€ y te dan un tríptico con las explicaciones de las diferentes salas del castillo. Pudimos visitar las cocinas: hay dos y cada una de ellas está en uno de los pilares que aguantan la parte del castillo que traspasa el río. Como detalle, tenemos que indicar que, durante la Segunda Guerra Mundial, la parte mayor del castillo estaba en la zona ocupada y pasando el puente se llegaba a la zona libre, cosa que hacía que muchas personas del lugar lo utilizaran para pasar de un lado al otro. Los jardines taambién son muy bonitos y vale la pena verlos.
A las 12:00 horas llegamos a Amboise y nos entretenemos un ratito dando vueltas por las tiendas de souvenirs. El coche lo hemos dejado en el parquing del castillo (que es gratuito). La entrada al castillo cuesta 6,00€ (con la reducción del carnet de estudiantes incluída) y es bastante interesante visitarlo (aunque sólo se haya salvado una quinta parte del mismo de la destrucción que hicieron a la mayoría de los Châteaus de Francia).
Una vez visitado el Château nos dirigimos paseando a una iglesia románica y después nos vamos hacia Tours.
A mitad de camino se pone a llover "a saco paco" por lo que tardamos un buen ratito en llegar (aunque no está muy lejos). Por el camino dimos una vuelta para ir a ver un castillo en el que decidimos no entrar. No tenía pinta de ser nada del otro mundo...
Llegamos a Tours, la gran ciudad, ja estaba echando en falta el tráfico intenso i todo ese ruido propio de la ciudad (¡qué mentira más gorda acabo de soltar!). Damos una vueltecita y encontramos sitio para dormir en un hotelito de 2 estrellas. Una vez dejadas las maletas, salimos a dar una vuelta por las calles del centro y, de golpe, se pone a llover con un viento bastante fuerte. Menos mal que estábamos cerca de la catedral y aprovechamos para verla: impresionante. Tambien aprovechamos para visitar la típica plaza de la ciudad que se llamaba "Pluminbere" (o algo así), donde hay unas cuantas casas típicas que, en la fachada, se ven los travesaños de madera. Despues vamos a visitar el castillo, el cual vemos sólo desde fuera. Está bastante echo polvo y sólo queda en pie una torre y poco más.
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| Chenonceaux |
Chenonceaux es un castillo muy bonito y curioso ya que la pista de baile está construída encima del río Cher. El precio de la entrada es de 8,00€ y te dan un tríptico con las explicaciones de las diferentes salas del castillo. Pudimos visitar las cocinas: hay dos y cada una de ellas está en uno de los pilares que aguantan la parte del castillo que traspasa el río. Como detalle, tenemos que indicar que, durante la Segunda Guerra Mundial, la parte mayor del castillo estaba en la zona ocupada y pasando el puente se llegaba a la zona libre, cosa que hacía que muchas personas del lugar lo utilizaran para pasar de un lado al otro. Los jardines taambién son muy bonitos y vale la pena verlos.
A las 12:00 horas llegamos a Amboise y nos entretenemos un ratito dando vueltas por las tiendas de souvenirs. El coche lo hemos dejado en el parquing del castillo (que es gratuito). La entrada al castillo cuesta 6,00€ (con la reducción del carnet de estudiantes incluída) y es bastante interesante visitarlo (aunque sólo se haya salvado una quinta parte del mismo de la destrucción que hicieron a la mayoría de los Châteaus de Francia).
Una vez visitado el Château nos dirigimos paseando a una iglesia románica y después nos vamos hacia Tours.
A mitad de camino se pone a llover "a saco paco" por lo que tardamos un buen ratito en llegar (aunque no está muy lejos). Por el camino dimos una vuelta para ir a ver un castillo en el que decidimos no entrar. No tenía pinta de ser nada del otro mundo...
Llegamos a Tours, la gran ciudad, ja estaba echando en falta el tráfico intenso i todo ese ruido propio de la ciudad (¡qué mentira más gorda acabo de soltar!). Damos una vueltecita y encontramos sitio para dormir en un hotelito de 2 estrellas. Una vez dejadas las maletas, salimos a dar una vuelta por las calles del centro y, de golpe, se pone a llover con un viento bastante fuerte. Menos mal que estábamos cerca de la catedral y aprovechamos para verla: impresionante. Tambien aprovechamos para visitar la típica plaza de la ciudad que se llamaba "Pluminbere" (o algo así), donde hay unas cuantas casas típicas que, en la fachada, se ven los travesaños de madera. Despues vamos a visitar el castillo, el cual vemos sólo desde fuera. Está bastante echo polvo y sólo queda en pie una torre y poco más.



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